27 Dic “¿Para cuándo una política pública en temas de convivencia y mediación?”
“¿Para cuándo una política pública en temas de convivencia y mediación?”
Esta es la pregunta que formuló el pasado 24 de diciembre de 2025 Javier Wilhelm Wainsztein, psicoterapeuta de adultos, adolescentes y parejas, y mediador profesional en el ámbito familiar y organizacional. La reflexión surgió a raíz de una publicación que realicé en LinkedIn sobre la última reunión anual del Consell de Ciutat de Barcelona, un espacio institucional clave de participación, diálogo y reflexión sobre la ciudad.
Lejos de ser una observación retórica, la pregunta encierra una interpelación profunda sobre el modelo de gestión de los conflictos en nuestras ciudades y, muy especialmente, sobre el lugar que ocupa -o debería ocupar- la mediación dentro de las políticas públicas de convivencia, particularmente en Barcelona.
Mediación sí, pero ¿cómo política pública?
Barcelona cuenta desde hace años con servicios, programas y profesionales de mediación en ámbitos diversos: vecinal, comunitario, intercultural, vivienda, espacio público o consumo. Existe experiencia acumulada, conocimiento técnico y profesionales cualificados.
Sin embargo, desde una mirada estructural, cabe preguntarse si la mediación opera realmente como una política pública de ciudad o más bien como un conjunto de recursos dispersos, gestionados desde diferentes áreas municipales y, en muchos casos, con una entrada eminentemente distrital.
Una política pública no se define únicamente por la existencia de servicios. Implica:
- Prioridad política explícita
- Liderazgo institucional visible
- Coherencia entre áreas (convivencia, seguridad, justicia, servicios sociales, vivienda)
- Continuidad en el tiempo
- Evaluación, pedagogía y un relato claro hacia la ciudadanía
Y es en este punto donde la pregunta formulada por Javier Wilhelm Wainsztein adquiere todo su sentido.
El contraste con otros modelos municipales: el caso de L’Hospitalet de Llobregat
En el entorno metropolitano existen modelos especialmente interesantes, como el de L’Hospitalet de Llobregat, que ha apostado por un Servicio de Mediación Comunitaria claramente identificado, con un punto de entrada centralizado, un equipo reconocible, un responsable visible y una coordinación efectiva con otros servicios municipales, incluidos los vinculados a convivencia y seguridad.
Este modelo no elimina la complejidad del conflicto urbano, pero sí aporta:
- Claridad institucional
- Accesibilidad para la ciudadanía
- Circuitos de derivación definidos
- Un relato político coherente sobre convivencia y mediación
No se trata de trasladar mecánicamente un modelo a otro municipio, sino de constatar que la centralidad y visibilidad institucional de la mediación refuerzan su eficacia y su legitimidad social.
Convivencia, incivismo y una oportunidad política en Barcelona
Barcelona se encuentra en la actualidad en un momento especialmente relevante en materia de convivencia urbana. El Ayuntamiento está impulsando políticas decididas para combatir el incivismo, entre ellas la reforma de las ordenanzas municipales, con el objetivo de actualizar un marco normativo que, en gran medida, databa de 2005.
Estas medidas, necesarias y en muchos aspectos acertadas, refuerzan la capacidad municipal de intervención frente a conductas incívicas. Sin embargo, toda política de convivencia eficaz necesita ir más allá de la norma y de la sanción.
La sanción es imprescindible en determinados supuestos, pero no puede ser la única respuesta. La prevención, el diálogo y la mediación son herramientas fundamentales para evitar la cronificación de conflictos, reducir la reincidencia y preservar las relaciones vecinales y comunitarias.
La reforma de la Ordenanza de convivencia: qué se ha aprobado y qué entrará en vigor
Conviene precisar, desde un punto de vista técnico, el estado actual de la reforma de la Ordenanza de convivencia (u Ordenanza de civismo) del Ayuntamiento de Barcelona, para situar correctamente el debate.
El nuevo texto de la Ordenanza fue aprobado por el Pleno municipal en diciembre de 2025, culminando un proceso de revisión de una normativa con casi dos décadas de vigencia. La reforma introduce un marco actualizado, con nuevas infracciones, agravantes y mecanismos destinados a mejorar la efectividad de la actuación municipal frente al incivismo.
No obstante, la entrada en vigor y la aplicación práctica de esta normativa no son inmediatas. Tras la aprobación plenaria, deben completarse los trámites administrativos correspondientes -publicación oficial y plazos reglamentarios-, por lo que su puesta en marcha efectiva está prevista a lo largo de 2026, previsiblemente en los primeros meses del año.
Es especialmente relevante subrayar que la reforma no se limita a un endurecimiento sancionador, sino que incorpora también una mirada preventiva y social, incluyendo referencias a medidas alternativas y mecanismos de mediación en aquellos supuestos en los que la respuesta exclusivamente punitiva no resulta eficaz, especialmente en contextos de vulnerabilidad.
Este calendario y este enfoque convierten la reforma de la Ordenanza en una oportunidad estratégica para que Barcelona acompañe el refuerzo normativo con una definición clara y explícita de su política pública de mediación y convivencia, integrando sanción, prevención y gestión dialogada del conflicto en un mismo marco coherente.
Mediación y autoridad: una falsa dicotomía
Uno de los grandes malentendidos en el debate público es contraponer mediación y orden público. No son conceptos opuestos, sino complementarios.
Una ciudad madura es aquella que:
- Sanciona cuando es necesario
- Media cuando es posible
- Previene antes de que el conflicto escale
La mediación no debilita la autoridad; al contrario, la refuerza, al intervenir antes de que el conflicto se enquiste y termine judicializándose o sancionándose de forma reiterada.
Una pregunta que interpela a la ciudad
La pregunta formulada por Javier Wilhelm Wainsztein no va dirigida a un profesional concreto ni a un colectivo específico. Va dirigida a la ciudad como proyecto político:
¿Queremos seguir gestionando los conflictos únicamente cuando estallan,
o queremos construir una política pública de convivencia basada también en el diálogo?
Barcelona dispone del talento profesional, de la experiencia acumulada y del marco normativo necesario para dar este paso. Lo que falta es convertir la mediación en una apuesta política clara, visible y estructural, reconocible para la ciudadanía y sostenida en el tiempo.
Conclusión: el momento es ahora
La reforma de las ordenanzas municipales, la Ley Orgánica 1/2025 y la creciente complejidad de la convivencia urbana hacen que este sea un momento especialmente adecuado para responder a la pregunta que da título a este artículo:
¿Para cuándo una política pública en temas de convivencia y mediación?
Quizá la respuesta no sea una fecha concreta, sino una decisión política valiente, que entienda la mediación no como un recurso accesorio, sino como un pilar esencial de la convivencia democrática.
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Daniel Sererols Villalón, abogado mediador
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